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3/4/2025

Competencia Internacional del Bafici: jardines, artes marciales y longanizas

La española "Una quinta portuguesa", la chilena "Denominación de origen" y "Moon", de la directora iraquí Kurdwin Ayub, abrieron la lista oficial y confirmaron la diversidad prevista.

"Moon", una mirada sobre el sometimiento femenino en Jordania
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Tres películas de corte bien diferente

Competencia Internacional del Bafici: jardines, artes marciales y longanizas

La española "Una quinta portuguesa", la chilena "Denominación de origen" y "Moon", de la directora iraquí Kurdwin Ayub, abrieron la lista oficial y confirmaron la diversidad prevista.

Bandera de largada para la Competencia Oficial Internacional del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, que comenzó a transitar su 26° edición hace un par de días. Como viene ocurriendo desde la entrega realizada en 2021, la principal sección competitiva está integrada indistintamente por cortos y largometrajes, todos ellos primeras, segundas o terceras películas en las respectivas carreras de los realizadores, oriundos de todas partes del mundo. Así, los quince largos que están en condiciones de obtener algún premio (también se exhibirán dos films fuera de concurso) llegan de países como Austria, Bélgica, Chile, España, Francia, Georgia, Grecia, India, Israel, México, Paraguay, Portugal, Suiza y, desde luego, Argentina. De la mano de la diversidad geográfica es de esperar un amplio abanico de estéticas y temáticas, con títulos que ya tuvieron un amplio recorrido en otros festivales y otros que llegan como auténticas novedades, ya sea en calidad de estreno mundial o internacional.

Le tocó a Una quinta portuguesa abrir el juego de la competencia, recién llegada del Festival de Málaga, donde tuvo su estreno mundial. La segunda película de la española Avelina Prat –una arquitecta de profesión aplicada a la realización cinematográfica desde hace unos años– es, en realidad, una coproducción entre su país natal y Portugal, aunque a esos dos idiomas se le suma un tercero: el serbio. El gran protagonista del relato, reposado aunque silenciosamente intenso, es Fernando, un profesor de geografía que un día como cualquier otro descubre que su mujer lo ha abandonado, sin dejar siquiera una carta y mucho menos coordenadas de destino. Superada la inquietud inmediata y posterior bajón, el hombre viaja a una ciudad costera portuguesa sin planes certeros y, por esas cuestiones del azar termina adoptando otra identidad, la de un jardinero que acaba de aceptar un trabajo estacional en los amplios jardines de una casa quinta tradicional del interior portugués.

Manolo Solo compone un personaje meditabundo e introspectivo, al tiempo que Amalia (la gran Maria de Medeiros), su nueva patrona, encarna un tipo de personalidad casi opuesta. Dejando de lado desde un primer momento los engranajes del suspenso como motor narrativo –si su verdadera identidad es o no es descubierta no tiene realmente demasiada relevancia–, Prat se concentra en la evolución de los vínculos entre los personajes: además de Amalia, allí trabaja una joven y muy embarazada asistente y un grupo de exiliados angoleños que regresaron al país de sus padres luego de la independencia de la excolonia suelen visitar a la dueña de casa. Una elipsis de varios años y el regreso a Madrid tuercen el rumbo de la película, dividida claramente en tres segmentos, transformándose momentáneamente en una delicada reversión de Vértigo. Una quinta portuguesa demuestra el talento de la directora para construir historias reconocibles, familiares incluso, pero que, sin embargo, no le deben nada a las imposiciones genéricas o a los ritmos del cine algorítmico, optando en cambio por un tono amable y plácido, como tomarse unas copas de oporto fresco en un jardín rodeado de naranjos y almendros.

Nada más alejado del mundo sosegado de ese jardín lusitano que el deporte que practica profesionalmente Sarah, la protagonista de Moon: las artes marciales mixtas. El tercer largometraje de la iraquí radicada en Viena Kurdwin Ayub encuentra a la joven en cuestión en lo que sin duda es su última ronda, humillada en el ring y con el rostro ensangrentado. Las perspectivas de cara al futuro no son muy luminosas –enseñar el deporte a chicas sin demasiado temple o deseo–, hasta que una videollamada desde Jordania la pone nuevamente en camino. La misión parece sencilla e implica visitar diariamente la mansión de una familia multimillonaria para enseñarles a las tres hijas de la familia algo de defensa personal. No pasa demasiado tiempo hasta que Sarah, instalada en un hotel de cinco o seis estrellas en la zona más rica de la ciudad, cae en la cuenta de que las adolescentes son poco menos que esclavas dentro de su propio hogar, excepción hecha de algunas escapadas al shopping más cercano, siempre en compañía de un guardaespaldas.

Producida por el cineasta austríaco Ulrich Seidl, quien en algunas de sus películas como realizador también exploró el choque cultural de europeos en países “exóticos”, Moon es al mismo tiempo un estudio de personaje y una crítica nada solapada a ciertas tradiciones milenarias que implican el sometimiento femenino frente el patriarcado. En el primero de esos niveles, es imposible no destacar la potente actuación de la debutante Florentina Holzinger, coreógrafa vanguardista y bailarina profesional célebre por sus performances y obras explícitas en términos sexuales y de otras índoles. Sarah es un puño apretado con tendencias nihilistas que, de pronto, se abre para recibir algo que nunca hubiera imaginado durante su vida en Viena. Ayub fuerza un poco los últimos tramos para generar suspenso y, sobre todo, un inevitable sentimiento de empatía con las jóvenes jordanas, recurriendo incluso a un plano-shock al mejor estilo del cine de la crueldad. Ese es el plano bisagra de los últimos tramos del relato, el momento en el que la protagonista toma una decisión tan peligrosa como insospechada para su existencia en piloto automático.

El trío de largometrajes presentados en la Competencia Internacional del Bafici durante las primeras jornadas se completa con Denominación de origen, película chilena que viene de participar del Festival de Valdivia, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado y también el del público. La nueva película de Tomás Alzamora está basada en un caso real: la disputa legal, que comenzó hace casi una década, entre los habitantes de Chillán y San Carlos, ambos en la región chilena de Ñuble, por obtener la denominación de origen inherente a la producción de longanizas. Así como nadie puede embotellar un vino espumoso y llamarlo champagne o lanzar al mercado un queso azul y rubricarlo como roquefort –más allá de la práctica popular a la hora de referirse genéricamente a esos productos–, la guerra por los chorizos transandinos se impone como el corazón del film, aunque lejos está Alzamora de construir una típica crónica al respecto.

En la tradición del falso documental –en particular la vertiente humorística practicada por Christopher Guest, el director de Esto es Spinal Tap–, el cineasta chileno construye un universo de personajes coloridos embarcados en la batalla de sus vidas, dispuestos a todo con tal de evitar que los del otro lado de la frontera se lleven en soledad la gloria de los mejores embutidos. Con escenas como la de la kermesse y la cata a ciegas de una chef extranjera, Denominación de origen seguramente sea uno de los títulos más populares y simpáticos de toda la sección competitiva, y no sería raro que también aquí se lleve el premio del público.

* Una quinta portuguesa se exhibe el viernes 4 a las 15.45 y el domingo 6 a las 16.50 en Cinépolis Plaza Houssay 4.

* Moon se exhibe el viernes 4 a las 13 y el domingo 6 a las 13.40 en Cinépolis Plaza Houssay 2

* Denominación de origen se exhibe el viernes 4
a las 14.40 en Cinépolis Plaza Houssay 1 y el domingo 6 a las 13.20 en Centro
Cultural San Martín 1.

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Fuente: https://www.pagina12.com.ar/815444-competencia-internacional-del-bafici-jardines-artes-marciale