EN VIVO
“Argentina tiene una mística especial. No sé si sos consciente de ello. Es como una sensación diferente a otros países sudamericanos. Aunque todos estamos muy interesados en ir a la región en general. Creo que cuando has estado tocando música y dando conciertos durante 30 años, tener una experiencia nueva siempre es muy especial”, dice el cantante inglés Stuart A. Staples, sobre la primera visita de su banda a Latinoamérica. Y especialmente a Buenos Aires, claro, que para ellos es –y como suele pasarle a otras bandas que han permanecido pequeñas en sus propios territorios– un vórtex con una base muy sólida, insistente y casi insólita de seguidores.
De la lluviosa Nottingham a la soleada Ítaca, una isla griega donde vive la mitad del año (y la otra mitad en Limousin, un pueblo de Francia donde montó su estudio), Stuart A. Staples es un hombre que celebra la belleza de los ecosistemas pequeños. Hoy tiene 59 años, un desplante extemporáneamente elegante y pop, y responde a una llamada que postergó ya un par de veces por problemas en su más preciada herramienta: una inconfundible voz, que por estos días parece asolada por un catarro permanente. “No se cómo es donde vos estás, pero acá hay extraños virus dando vueltas, la gente se enferma y no se recupera de inmediato. Creo que es una reacción post pandémica. Quizás por estar tanto tiempo tan lejos entre nosotros”, teoriza el músico, que al momento de esta llamada, está a punto de subirse a una gira que empezará por Génova.
Al frente de Tindersticks –que hoy se compone por Earl Harvin en batería, David Boulter en teclados, Dan McKinna en bajo y Neil Fraser en guitarra– Staples creó un pequeño mundo propio que se ha mantenido casi incólume durante tres décadas. Mientras las bandas inglesas insignes de los ‘90 estallaban, se separaban aparatosamente, luego craneaban sendas reuniones celebratorias, y consiguientemente quizás compartían escenario con alguna estrella juvenil, se podría decir que Tindersticks, aunque con un breve hiato, es un proyecto que nunca dejó de producir discos tranquila y consistentemente. Así como se separaron, cuando volvieron dijeron: nostalgia no. Montaron un estudio propio en ese pequeño pueblo francés y desde entonces no se han cansado de grabar discos y de repetirle a sus fans: lo más probable es que nunca volvamos a tocar los hits que ustedes esperan. También son conocidas las bandas sonoras que la banda ha grabado para al menos siete películas de la directora francesa Claire Denis, con quien trabajan desde que ella se acercó a pedirles una canción para su posteriormente premiada película Nénette et Boni (1996) y ellos le sugirieron crear algo desde cero. “Fue pura casualidad. Fui a un concierto y me quedé fascinada. Ya no podía hacer nada más. Solo pensaba en ellos. Ya no escuchaba nada más que a los Tindersticks”, dijo la francesa sobre aquel momento inicial. De hecho, quizás es posible decir que la banda tuvo un mayor impacto en el resto de Europa que en su Inglaterra natal, lugar donde siempre se consideraron un poco outsiders, como ha aclarado el mismo Staples. “Cuando visito Inglaterra, es genial. Me encanta estar rodeada de ingleses, pero sentirse bien no es suficiente. Como he vivido mucho tiempo en Inglaterra, soy muy consciente de que en el Reino Unido hay mucha mentalidad de isla. Yo prefiero estar en tierra firme, un lugar donde pueda sentirme conectado con el resto del mundo.”, cuenta el cantante.
ESA CHISPA INDISPENSABLE
En septiembre del año pasado, la banda estuvo de estreno con Soft Tissue, un disco que ostenta ser el número catorce en una extensa carrera, que continúa la tradición de su delicioso pop de cámara y que los trae de gira por primera vez a esta parte del mundo. Lo grabaron en un periodo bastante acotado, ya que desde hace un tiempo que el proceso viene siendo así: todos viven en lugares diferentes de Europa, se juntan a tocar y a componer, y luego rompen filas nuevamente. Acaso el secreto para mantener una banda de largo aliento que no ha tenido mayores modificaciones desde 2007.
“Supongo que siempre es una historia distinta, pero creo que lo fundamental es que vivimos en lugares diferentes y cuando nos reunimos, todo el mundo tiene que esforzarse tanto para llegar que es necesario que en el estudio pase algo. No puede ser una experiencia pasiva. Si alguien va a tomar un avión en Berlín y volar a París, luego tomar un tren, venir al estudio, algo tiene que pasar. Y creo que es una verdadera ventaja la de vivir en diferentes países, porque cuando estamos juntos hay una energía especial, no es como si pudiera suceder cada semana”, se entusiasma Staples sobre este nuevo disco, que vuelve a su característica atmósfera evocadora, flotante y comunal, justo después de un álbum pandémico llamado Distractions que lanzaron en 2021 y que tuvo tintes bien diferentes, más experimentales (incluído un tema de 11 minutos), casi irreconocibles para los fans, que sobre él tuvieron opiniones divididas. En ese disco abandonaron su clásica impronta orquestal y aprovecharon el aislamiento, y la cancelación de una gira, para explorar una faceta más electrónica y a larga distancia, en la que remixaron libremente temas de Neil Young o Television Personalities. Un disco como para bailar (aunque bailar solo, por supuesto). “Como para bailar en tu cocina”, acota alegre Staples.
Con este nuevo disco, en cambio, vuelven para confirmar que su intención está siempre en los asentamientos colectivos de una banda que ha forjado una convivencia creativa de décadas. “Creo que cuando trabajas con gente durante mucho tiempo, es como si todos en la banda estuvieran de acuerdo en no ir a lugares donde ya han estado antes. Cuando pones una idea para una canción, si no tiene chispa dentro de la habitación en ese momento, dentro de la banda, no hay nada que puedas hacer al respecto. Pero si podés ofrecer algo bueno, una idea emocionante, eso genera una pequeña explosión en la habitación, es como si tiraras una bomba. O quizás como montar en un tren a vapor porque sólo una chispa puede encender el fuego de inmediato. Y cuando eso sucede es realmente emocionante, es lo mejor de estar en una banda”, dice Staples. “Cuando era más joven, esta chispa venía todos los días. Y era tan importante para mí que tenía miedo de perderla y el proceso era mucho más denso e incluso un poco violento a veces. Pero creo que ahora sigue siendo igual, solo que cuando llega, soy más feliz dejándolo ser”, agrega el cantante, que asegura estar en un momento particularmente creativo y alegre de la banda.
A SU MANERA
Con la elegancia que trae naturalmente consigo el minimalismo, pero con un imponente despliegue orquestal. Con la profunda, grave y evocadora voz barítono de Staples –se la ama o se la desprecia, como según él mismo dice–, con sus letras melancólicas, literarias y su postura en el escenario –se presentaban de traje, como salidos de otra época, y podían llegar a montar una orquesta entera en un auditorio pop– desde 1992, cuando crearon su propio sello Tippy Toe Records para lanzar su primer single, Tindersticks se posicionó como un proyecto intempestivo, que flotó por su época sin encontrar colegas demasiado afines y que irrumpió con una actitud totalmente desencajada en un momento donde predominaban los estribillos y los chillones colores primarios.
“Sus dos primeros álbumes se sitúan entre la seductora emoción de una banda sonora de James Bond, la enigmática fragilidad de Leonard Cohen, el romanticismo aterciopelado de Neil Diamond y el elegante derrotismo de Joy Division. Pero al igual que la afición de la banda de seis integrantes por los trajes finos a medida, su música también parece hecha a medida: tallada, cortada y cosida para oyentes ya aburridos del indie rock simplista de tres acordes”, dijo la revista Rolling Stone sobre ellos. “Bueno, en los ‘90 no me gustaba lo que estaba pasando a mi alrededor, en la cultura mainstream del Reino Unido, pero ahora que miro hacia atrás pienso que fue un momento muy positivo. Y entiendo por qué la gente vuelve a buscar ahí en la actualidad. Incluso si la música no era genial, la sensación era de que mucha gente estaba tocando y un montón de cosas diferentes estaban pasando en la cultura. Mirar hacia los años ‘90 ahora debe sentirse como una época dorada de cierta libertad en comparación con el presente, supongo”, dice Staples, que igualmente se esmera en estar muy comprometido siempre con el ahora, aunque indica que la última cosa que le conmovió profundamente en lo musical fue el primer Kendrick Lamar.
“Los ‘90 fueron una época también positiva para nosotros pero a nuestra propia manera. No teníamos nada que ver con el mainstream. Nunca sentimos que formábamos parte de una escena o que encajábamos de alguna manera. Pero no lo rechazo en conjunto. Por ejemplo Pulp, ¿quién podría dudar de la excelencia de Jarvis Cocker como escritor? Pulp también estaba en su propio mundo, eran una especie de bichos raros que tuvieron la paciencia de convertirse en estrellas del pop”, dice Staples. Y vale decir que el mismo Cocker llegó a codirigir un video para la canción “City Sickness”, del primer disco de Tindersticks.
ESCRITO CON FÓSFOROS
Dice la historia que el nombre definitivo de la banda –que al principio se llamaba The Asphalt Ribbons– nació durante un lento verano en una isla griega, cuando el joven Staples decepcionado por su infeliz arribo a Londres desde su Nottingham natal y por la cantidad de demos que dejaba en discográficas sin obtener nunca una llamada de vuelta, le sugirió a sus colegas frenar radicalmente las operaciones durante todo el verano. El acuerdo fue que se tomaran un tiempo para dejar de insistir y no hacer absolutamente nada, recapitular y decidir si valía la pena seguir en carrera en una industria que nunca los acogía.
Ahí mismo, solo en la isla tuvo una revelación: “Un día, en la playa, vi un paquete de fósforos con el nombre TinderSticks, obviamente algún turista alemán los había tirado. Y allí mismo decidí que teníamos que seguir adelante, pero hacerlo nosotros mismos, a nuestra manera, y no intentar abrirnos camino a través de los guardianes de la industria musical. Teníamos que hacer nuestra propia música, nuestros propios discos y ver adónde nos llevaban. Así que tomé esta caja de fósforos como una señal.
Cuando volví, cambiamos el nombre del grupo e hicimos nuestro primer single “Patchwork” en nuestra cocina: un single de siete pulgadas con sólo 500 copias que se agotaron en pocas semanas y luego el segundo single debutó con 2000 copias y eso fue todo: la gente empezó a venir a nosotros y nosotros dejamos de ir a la gente. Y todo eso se lo debemos al verano de 1992”, explicó en su momento Staples sobre ese verano fundacional. “Teníamos 27 años y esa cosa que no entendíamos pero que estaba tan llena de vida y tan llena de... bueno, era tan feliz en sí misma. No queríamos nada más molestando alrededor. Y creo que esa es la razón por la que no encajábamos con el espíritu de los ‘90”, agrega ahora pletórico, frente a la cámara de su computadora, más de treinta años después.
ANTÍDOTO CONTRA LA LOCURA
Desde entonces, no es que el público haya estallado –eso sí, crece y se fideliza– aunque hubo un momento en que pareció que así sería: su disco homónimo estuvo en el Top 20 del ranking inglés y con el siguiente firmaron contrato con el sello Island, filial de Universal, y luego hasta cantaron a dueto con Isabella Rossellini (parte de una larga tradición de duetos femeninos con cantantes como Maria McKee, Carla Torgerson, Jenny Beth de Savages, y por supuesto también la candiense Lhasa de Sela).
Son “de culto” dirán algunos, pero en cualquier caso es un culto expansivo. “No creo que la gran mayoría de nuestro público sea hoy la gente que estaba allí en los años ‘90. Por lo tanto, ha evolucionado, ha cambiado y ha crecido en general. Estoy seguro de que hay algunas personas que buscan algo de nostalgia por las canciones que significaron algo para ellos, pero al mismo tiempo, saben que no vamos a tocarlas. Todo el mundo sabe que no tocamos muchas canciones antiguas, y definitivamente no vamos a tocar ‘Tiny Tears’”, dice Staples, sobre ese hermoso tema de 1995 que devino en éxito, potenciado por su aparición de alta tensión en una escena de Los Soprano y la inolvidable imagen de Tony tomando prozac. “Supongo que nuestro público sabe profundamente lo que quiere de nosotros, como también sabe lo que busca: algo que le afecte. El elemento artístico se ha removido de mucha música, de muchos corazones, de mucho cine. Hay tanto del mainstream que es tan fácil identificar: qué se decidió para refinar una cosa, o cuándo viene el estribillo y cómo sonará. Hay tanto conocimiento profundo sobre cómo pulsar los botones de la gente en tantas formas de arte”, dijo en el pasado sobre la composición de su público.
La banda tiene también un largo vínculo con la escena audiovisual. Además de sus colaboraciones de largo aliento con Denis, que van desde los ‘90 hasta la ganadora del Gran Prix del Festival de Cannes Stars at noon y sumando, Tindersticks participó de la banda sonora de series de televisión mainstream y de todos los géneros. Puede parecer insólito que esas canciones introspectivas, sofisticadas, un poco gruñonas, puedan calzar igual de bien en un policial como Brotherhood o en una comedia como Eastbound & Down, y por supuesto en Los Soprano donde aportaron varios momentos musicales. Señal, quizás, de esa identidad poco entendida en su momento, pero que los ha mantenido en un lugar tan extemporáneo como poética es su forma de entender la música.
“Yo no vivo en una burbuja, todos vivimos en este mundo y este mundo es un lugar aterrador. Y creo que con esto que hacemos también hay un antídoto para aferrarse a las cosas bellas de tu vida que son muy simples y muy tangibles e incomprensibles. Es un antídoto contra la locura que nos rodea”, dice Staples, que también explica las bases de su hermosa y acaso un poco angustiante forma de entender la creación. “Para mí es como si las cosas que quiero estuvieran siempre fuera de mi alcance. Como si nunca pudiera querer algo y simplemente extender la mano y cogerlo. Siempre está fuera de mi alcance. Y creo que eso trae una lucha, y que esa lucha no tiene que estar siempre llena de dolor. Es una lucha por alcanzar aquello que realmente quieres tocar. Y al final a veces no sabés si lo tocaste o no. Creo que casi nunca lo tocas, de hecho. A veces con casi tocarlo se siente suficiente”.
Tindersticks se presenta el sábado 12 de abril en el Teatro Opera, Av. Corrientes 860. A las 20.
Conocé todas las opciones del contenido que podés recibir en tu correo. Noticias, cultura, ciencia, economía, diversidad, lifestyle y mucho más, con la calidad de información del Grupo Octubre, el motor cultural de América Latina.
Este es un contenido original realizado por nuestra redacción. Sabemos que valorás la información rigurosa, con una mirada que va más allá de los datos y del bombardeo cotidiano.
Hace 37 años Página|12 asumió un compromiso con el periodismo, lo sostiene y cuenta con vos para renovarlo cada día.
Fuente: https://www.pagina12.com.ar/814380-entrevista-a-stuart-a-staples-cantante-y-lider-de-tinderstic